Pagliacci
El estreno en 1890 de Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni en el Teatro Costanzi de Roma marcó un hito. Gracias a un compositor joven y desconocido, que luego de vencer en un certamen organizado por la editorial Sonzogno conquistaba el éxito y la fama inesperadamente, la nueva generación se imponía en la escena operística italiana. La fórmula de colocar sobre el escenario a personas anónimas y comunes que vivían situaciones desencantadas, crudas y trágicas, se alejaba de la concepción de la ópera romántica e inauguraba lo que se conoce como verismo. Consecuencia de esta nueva manera de concebir la ópera, dos años más tarde llegó Pagliacci, de Ruggero Leoncavallo (1857-1919).
No deja de ser curioso que tanto uno como otro compositor jamás hayan podido igualar el éxito ganado con las dos creaciones que les dieron fama mundial. Ni Mascagni con su abundante producción pudo repetir nada parecido al éxito de Cavalleria, ni Leoncavallo pudo imponer otro título que no haya sido Pagliacci, por más que lo haya intentado. También es verdad que ambos compositores, tan directos en su lenguaje musical como sencillos en el empleo de los recursos técnicos, fueron contemporáneos de Giacomo Puccini, un músico que con su genio dominó la vida operística italiana de su tiempo, y cuya profunda cultura y dominio de la técnica le permitieron estar a la altura de los avances musicales que se producían más allá de los Alpes: conocía muy bien a compositores como Schönberg y Debussy y los podía asimilar. Y si en aquellos tiempos un autor como el que nos ocupa, Ruggero Leoncavallo, conquistó un merecido lugar gracias a una sola obra, es justo reconocer que con poco fue capaz de hacer mucho.
Leoncavallo tuvo diversas inquietudes que se manifestaron a través de la literatura y la música, y gracias a sus aptitudes literarias fue el autor de los libretos de todas sus óperas. A Pagliacci le siguieron, entre otras, I Medici (1893, compuesta con anterioridad a la que nos ocupa), La bohème (1897) y Zazà (1900), además de operetas y música instrumental. Escrita en simultaneidad con su homónima pucciniana, y muy probablemente sin que en un principio uno supiera del proyecto del otro (el folletín de Henri Murger que inspiró el tema estaba de moda en aquellos tiempos), La bohème de Leoncavallo podría haber conquistado un lugar importante, pero no le pudo haber tocado peor suerte que competir con la de su colega; sabemos que la de Puccini es la ópera más representada y exitosa de todos los tiempos.
Un hecho verídico y sangriento sucedido en Montalto (Calabria), y en cuyo proceso judicial había actuado el padre de Leoncavallo en calidad de juez, dio origen al libreto de Pagliacci. La escritura se completó rápidamente y a partir del momento de su estreno, el drama inició una vertiginosa carrera que lo llevó a conocer el éxito en las principales ciudades del mundo.
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